
Johnny Deep & Tim Burton se han convertido en una de las “parejas” cinematográficas más populares de la industria norteamericana. Sus nombres son sinónimo de éxito y fusionados son sinónimo de buen cine. Debo reconocer que mi ojetividad queda un poco anulada dado que estoy criticando al que considero uno de mis directores favoritos, el cual con cada película suya que he visto me ha echo quitarme el sombrero ante su imaginación, calidad y puesta en escena. “Sweeney Tood” ha colmado y sobrado mis más altas expectativas y ninguno de los minutos de la película tiene desperdicio. Burton se mantiene fiel a su estilo, con una historia oscura, sangrienta, pero cargada del humor siniestro que siempre ha caracterizado todas sus creaciones y cuya huella queda patente incluso en los soberbios créditos inciales de la proyección.
Está basada en un musical de Broadway, lo que ya incluso sin haberla visto, nos da una pista de que el 90% de la película será cantado y con los diálogos justos y necesarios. Y sin embargo no le falta nada, y me atrevería a decir que tampoco le sobra nada. Incluso la escena tipo “Casa de la Pradera” que aparece nos da una idea acerca de la genialidad de su autor, de su capacidad de crear ambientes y atmósferas completamente diferentes entre sí y a pesar de ello ser capaz de mantener la cordura argumental y el hilo de la historia. El único “fallo” del que tal vez peca es la falta vocal de sus protagonistas pero incluso sin tener voces prodigiosas, ambos consiguen que durante las dos horas de metraje se pongan los pelos de punta con escalofriantes gestos y aterradoras miradas. Buena pareja la señora Bonham Carter con el señor Deep, sus escenas son magníficas y sus actuaciones extraordinarias.
El escenario de la historia nos recuerda mucho a la ambientación gótica de la que ya disfrutamos en la leyenda del Jinete sin Cabeza de”Sleepy Hollow”. Paisajes grises de un Londres victoriano, ropas negras y rostros pálidos con maquillaje muy oscuro para hacer de los rostros un semblante casi fantasmal. Y sangre. Mucha sangre. Pero sangre que se ve falsa itencionadamente para tal vez “suavizar” la crudeza gótica de las escenas y darnos la sensación de esos malos efectos especiales de las series y películas de los años 70-80. Johnny volvió a ser desmerecido y no se llevó el Oscar© a una grandísima interpretación perfectamente encajada en este grotesco escenario. Aún continúa siendo el relevo como niño malo de América que durante mucho tiempo cargó Sean Penn sobre sus espaldas (esperemos que se haga justicia y su próximo buen papel vea su recompensa)
Toda una obra de arte, imprescindible para cualquer fan del genial cineasta y para cualquier fan del buen cine en general.