La última vez que fui a mi tierra no pude por menos que caer en la tentación de practicar una de mis aficciones favoritas: ir al cine. La verdad es que tanto mi amiga como yo no teníamos muy claro en qué sala meternos porque la cartelería que había en las salas que habíamos elegido no terminaba de convencernos o aquellos films que captaban nuestra atención ya los habíamos visto. Finalmente caimos en el error que pocas veces me permito cometer dado el resultado que ha tenido siempre: coger una al azar que nos pareciera mas o menos decente a ambas. La elección era complicada, realmente no había demasiado donde escoger y los nombres de “Jumper” y de “10.000″ fueron los que más resonaron. Por cuestiones de horarios nos tuvimos que quedar con la segunda y dado que tampoco me había molestado demasiado en leer comentarios u opiniones acerca de ella me pareció (en principio) una buena idea. Había vistro trailers en algunas páginas de internet y en YouTube y la estética visual prometía mucho. Soy realista y muchas veces he ido al cine sabiendo que no me voy a encontrar una joya del séptimo arte, sino que simplemente quiero disfrutar de un par de horas amenas y entrenidas que se salgan de mi rutina y tónica habitual. Una película de efectos especiales es una buena premisa para conseguir ese objetivo y “10.000″ parecía ser la elección perfecta para conseguirlo, puede que (ilusa yo en ese momento) incluso tuviera un gancho argumental interesante que me hicieran considerarla una proyección más o menos decente y que tal vez pudiera recomendar a más personas. Alma cándida yo.
Inicio bastante bueno, con esa voz en off del español Joaquín Díaz que ya nos deleitó poniendo voz a nuestro querido Bilbo Bolsón en “El Señor de los Anillos”. Puede que incluso el paisaje nevado me recordara a la espléndida escena de las Montañas Nubladas y a esa nueva Zelanda con que todo friki sueña ir después de haber visto la saga. Pero hasta ahí toda similitud. Se abusa de la estética visual y el escenario llega a oprimir y resultar aburrido de tanto que se repite. Y centrar el peso de una historia en un narrador oral termina siendo un recurso demasiado desgastado.
El argumento… es tan simple que no merece ni la pena de explicar. Y si me pongo crítica y dura diría que aún me duele el corazón al ver las patadas históricas que se meten a lo largo de los minutos que harían que mi viejo y estricto profesor de historia en el instituto se llevara las manos a la cabeza. Y para más remate, cuando parece que ya está terminando y pienso que al menos el final ha sido algo trágico y no esperado, plantan esos minutos infernales y de modo “Sensación de Vivir” que hicieron que apretara el labio, levantara los ojos al cielo y pensara en que después de eso cualquier película a su lado sería digna de un Oscar©. Pero mejor no hablaré muy alto, que a veces puedo ser muy gafe en estos temas.
Hasta la próxima crítica (y prometo que esta vez será una buena xDD)
pues gracias x avisar! tenia mis dudas sobre ir o no (me olia a peli mala xo hay pelis malas q me encantan!)